Casa de Aitona

 Hace más de cincuenta años, cuando comenzaba a tomar forma el proyecto del Abuelo Pedro y Pedro hijo acerca de elaborar sus propios vinos, una quinta ubicada a solo dos kilómetros de la histórica “Calera de las Huérfanas”, salió a remate por parte del Banco República. 

Después de un intento frustrado, fraccionamiento y generoso crédito mediante,  ambos lograron adquirir la propiedad, que entonces estaba rodeada de mandarinos, naranjos, membrillos y viñas, y que había sido la quinta de recreo de un grupo de amigos de la zona.            

Fue entonces el primer hogar de los recién casados Pedro y Mary (nuestros padres), que comenzaron allí la vida que aún llevan juntos.

 Y “la Granja” como la llamábamos mis hermanos y yo cuando éramos chicos, fue el lugar donde pasamos todos los febreros de nuestra infancia, viendo transcurrir las vendimias y aprendiendo poco a poco todo lo que encierra el arte del buen vino. 

Algún tiempo después,  buscando en la historia del lugar, supimos que esa casa había tenido varios dueños, que fue seguramente construida alrededor de 1910 y que uno de sus propietarios más ilustres fue don Cármelo Cabrera, el caudillo blanco, que terminó en Carmelo  los últimos años de su vida.- 

            “Quién es Cármelo Cabrera? ......Definirlo no es tarea fácil. Decir que era ingeniero agrimensor, revolucionario de cintillo blanco, jefe político del departamento de Rivera, empresario, senador de la República, es decir poco.......”   (*) 

            Fue jefe de la 13ª. División del ejército de Aparicio Saravia, el encargado de construir los puentes pontoneros en las luchas de 1904, un personaje singular. 

            Se estableció aquí allá por 1935, y llamó a la Granja “Concar”, por los nombres de Concepción, aquella paraguaya que había conquistado su corazón, y Carmelo, el suyo.

            “...Un hombre mayor, de barba blanca recortada, con pantalones de montar y brillantes botas lustradas, formaba al estilo de una División Militar a los peones que se disponían a entrar en los incontables surcos de la Granja...........con herramientas al hombro iniciaban su marcha atravesando el pequeño puente de los zorros....”  (*) 

            Más acá en el tiempo, en el año 2000, decidimos emprender el reciclado de la vieja casona, para no perder los muchos recuerdos que guardan esos muros, para que sea lugar de disfrute de nuestra familia y nuestra empresa, dos cosas que han ido y van juntas, porque a estas alturas, los acontecimientos de una van marcando a la otra.

            Y la llamamos “Casa de Aitona”, que en el lenguaje del pueblo vasco significa “abuelo”, como un sentido homenaje a ese abuelo que apenas conocimos, pero que nos mostró un camino, por el cual, hoy transitamos.

(*) Tomado del libro “Cármelo Cabrera, una historia debida”, del Prof. Eraldo Bouvier     

Mariela Zubizarreta Menna